No recuerdo bien si a finales de 2019 o principios de 2020, la empresa subcontrató a otra empresa que brinda asesoría a empleados en temas legales, financieros, de salud física y de salud mental, nutrición, mascotas, etc. El nombre de esa empresa subcontratada es Orienta PAE y tiene su base en el estado mexicano de Querétaro.
Yo comencé a usar la asesoría emocional (que se brinda las 24 horas todos los días del año, junto con la asesoría médica) con reservas, pues temía que se violara la confidencialidad, pese a que uno de los compromisos era no hacer eso jamás, a menos que el usuario expresara intenciones suicidas.
Usé dicho servicio y una psicóloga de nombre Érika Maya me daba el seguimiento. Fuera de su horario, por ejemplo, en caso de una crisis o de mucha necesidad, me atendía otra psicóloga de nombre Blanca Nava. Ambas se enteraron de mis dificultades en el trabajo y del acoso del que fui objeto, perpetrado por Omar Jaudiel Correa Cárdenas, a quien la directora de nuestro departamento, Silvia Romero Medina había convertido en un intocable.
En relación con eso, informé a esas dos psicólogas que el poder de esa directora era tal que cualquier empleado era susceptible de perder su trabajo en el momento en que ella así lo decidiera; lo único que tenía que hacer es decirle a uno de los miembros de la familia dueña de la empresa “córreme a este” y en ese momento, el señalado era echado a la calle. Análogamente, si ella convertía a alguien en un intocable (como Omar Jaudiel Correa Cárdenas, el Delincuente Narcisista), no se le tocaba con el pétalo de una rosa, hiciera lo que hiciera.
Aquel martes 3 de agosto de 2021, esa directora, me pidió que hablara con ella en su oficina, con la puerta cerrada. Me preguntó sobre la atención psiquiátrica que recibía y yo le informé que la había suspendido, pues en la institución no estaban atendiendo por la pandemia, el Covid 19. Esa mujer pretendió manejar las dificultades de las malas acciones de su intocable con todas sus derivaciones como si la responsabilidad fuera mía, por mi salud mental no óptima. El jueves de la semana siguiente, 12 de agosto, Silvia Romero Medina me pidió de nueva cuenta que hablara con ella en su oficina, otra vez con la puerta cerrada, y ahora hizo gala de deshonestidad e indecencia.
Me dijo que Orienta PAE, esa empresa subcontratada por la empresa, había reportado a la empresa donde yo trabajaba, Productos Maver, que yo no estaba siguiendo mi tratamiento farmacológico. Aquí quiero decir que eso era cierto, pero la violación de la confidencialidad no está justificada. La señora directora, pretendió manejar el asunto de mi salud mental (padezco un trastorno límite de la personalidad, TLP) como si padecer una patología hiciera de mí un delincuente, una amenaza social y un peligro para quien se encontrara cerca de mí. En el tiempo que yo llevaba en la empresa, jamás me habían levantado un RAV (iniciales de reporte de amonestación verbal) porque jamás cometí una falta de disciplina, gané casi todos los bonos de puntualidad y asistencia y casi todos los premios de productividad y los crímenes más graves que cometí fueron dos llegadas tarde; una de un minuto, otra de cinco. Además, en cada una de las evaluaciones anuales, recibí puntuaciones altas.
En otras palabras, mi expediente era el de un empleado excelente. Me disculpo si decir tal cosa de mí parece pedantería.
Además, según esa señora, la directora de ese departamento, yo había agredido a guardias de seguridad, personal del comedor, compañeros y quién sabe quién más. De ser esto cierto, yo habría sido despedido años antes (literalmente, años antes) y el despido habría sido justificado, no se me habría liquidado.
Dijo la señora directora, Silvia Romero Medina, que Orienta PAE había reportado además que yo había “hecho un uso excesivo del servicio (de orientación emocional), había hablado con ocho psicólogos”, cuando al ofrecernos sus servicios, Orienta PAE había presentado la orientación emocional y la orientación en salud como “ilimitada”.
No sé si el director de Orienta PAE decidió retirarme sus servicios (como me dijo Silvia Romero Medina el martes 3 de agosto) y si esa empresa subcontratada argumentó ese “uso excesivo”, pues esa mujer tenía tanto poder dentro de la empresa que podía obligar a la gente de Recursos Humanos a secundarla en propagar falsedades, por lo antes mencionado.
Si Orienta PAE violó la confidencialidad y al hacerlo contribuyó a la infamia y la violencia que se perpetró, tocará a la Secretaría del Trabajo y Previsión Social tomar medidas a ese respecto y hacer lo que proceda.
Ese será el objetivo del paso que me dispongo a dar.
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