En menos de 48 horas, comenzando el pasado miércoles 18 de junio, me he dirigido por Twitter y por Facebook al Hospital Civil informándoles sobre lo que me pasó ahí ese día y no he recibido ninguna respuesta en absoluto.
Lo he hecho por medio de estas redes sociales porque en la red no encuentro ninguna dirección de correo electrónico para hacerle llegar mi queja a alguna autoridad de la mencionada institución y acudir personalmente sería exponerme otra vez a una posible burla por parte de malos empleados, que primero agreden con sus actitudes y sus argumentos y después se hacen las víctimas.
Aclaro a los empleados a quienes toca atender este tipo de asuntos, que no les pido ningún favor, pues se trata solamente de su trabajo. Más aún, el Hospital Civil es una institución pública que opera con recursos públicos que proceden de los impuestos que pagamos todos los contribuyentes. He sido respetuoso en la medida de lo posible (me he obligado en ciertos momentos a defenderme de la agresividad de gente como el psiquiatra José Manuel Hernández) y les he hecho llegar la descripción de los hechos de la manera más clara que he podido. A cambio, lo único que he conseguido es que me ignoren.
Le hago un llamado respetuoso al Sr. Héctor Raúl Pérez Gómez, director de los Hospitales Civiles y al Sr. Benjamín Becerra Rodríguez, director del antiguo Hospital Civil para que se encarguen de que se me dé algún tipo de respuesta.
Por su atención, gracias.
viernes, 20 de junio de 2014
miércoles, 18 de junio de 2014
Problema en el Hospital Civil Fray Antonio Alcalde 2ª parte
Regresé
a la oficina de la secretaria del área de hospitalización de psiquiatría y le
comenté a la señorita lo que había pasado. Me dijo que el jefe de psiquiatría
no estaba y lo podría encontrar hasta el día siguiente.
Quise
hacer un último intento y me dirigí a la Dirección, donde una señorita me
atendió con una actitud muy correcta, pero donde se dieron más dificultades. La
señorita me mandó a una oficina contigua donde un médico joven (haciéndose
llamar doctor, una absoluta imprecisión), me invitó a tomar asiento y me
preguntó cuál era el problema. Cuando se lo dije, él me respondió que ellos no
eran psiquiatras y no me podían recetar ningún medicamento, algo que nunca le
pedí, y al preguntarle por qué la señorita de Dirección me había mandado con
él, me contestó “no sé, no soy adivino.”
Parece
un pasatiempo que les divierte mucho a un cierto número de empleados de esa
institución, fastidiar así a los usuarios, especialmente cuando tienen una
dificultad. Regresé a la dirección y le informé a la señorita que me había
atendido que el muchacho con el que me mandó me había dicho puras tonterías
(omití comentarle su intento de burla). La señorita, siempre con una actitud
amable tomó el teléfono e hizo una llamada.
Minutos
más tarde, entró José Manuel Hernández a la oficina y cuando deduje lo que
hacía ahí, le informé a la señorita que ya había pasado con él y la mala
experiencia que tuve. Entonces, ese patético señor Hernández, se hizo la
víctima diciendo que yo le había llamado parásito, pero por supuesto, omitió
decir que él me había ofendido con su negativa absoluta a ayudarme, con su
determinación de agravar todavía más mi frustración y con su estúpido y cobarde
argumento. Este señor, volvió a hacer alarde de incompetencia, de mala
intención y de cobardía. Ya enojado, dándome cuenta de que no iba a obtener
nada por los canales adecuados, le reiteré a ese médico psiquiatra, “coordinador”
que lo consideraba un parásito y lo volví a felicitar, porque hace muy bien ese
papel, que no es para lo que se le contrató.
El
patético cobarde se tragó la ofensa y bajó la cabeza, pero se salió con la
suya. Me fui de la institución sin haber obtenido la receta que buscaba.
Sería
deseable, que las autoridades de esa institución y del sector salud en general,
gente como el señor Jaime Agustín
González Álvarez, secretario de salud, y
el señor Héctor Raúl Pérez Gómez, director de los Hospitales Civiles y el señor
Benjamín Becerra director del antiguo Hospital Civil, comentaran este tipo de
incidentes y hablaran con la verdad sobre el desempeño de empleados como José
Manuel Hernández, quien dicho sea de paso, antes estuvo en SALME y su
reputación no es la mejor.
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Seria dificultad en el Hospital Civil Fray Antonio Alcalde 1ª parte
Por mi
ocasional dificultad para conciliar el sueño, le pedí a mi psiquiatra, Carolina
Castañeda, que me recetara Clonazepam, medicamento controlado que ya me había
prescrito otra psiquiatra, ahí mismo, en el Hospital Civil.
Carolina
me recetó el mencionado medicamento el pasado 26 de mayo, fecha de nuestra
última cita, y en la receta anotó “en caso de insomnio.” Acudí a la farmacia
del Seguro Popular, y la señorita que me atendió me informó que no podía
surtirme el medicamento si la receta decía “en caso de insomnio”, que para que
pudieran surtírmela tenía que decir “sin suspender.”
No
parecía un obstáculo en lo absoluto. Lo único que tenía que hacer era buscar
otra vez a mi psiquiatra y pedirle me diera otra receta con el cambio en la
redacción arriba mencionado.
Acudí el
día de hoy, miércoles 18 de junio y la señora Carolina Castañeda, mi
psiquiatra, me hizo esperar injustificadamente para darme más tarde una receta
idéntica, con la leyenda “en caso de insomnio.” Le informé que así no me la
iban a surtir y ella argumentó que ella había dado recetas idénticas a muchos
pacientes y siempre se las surtían. Después me dijo que si no me la habían
surtido es porque estaba vencida (se vencía hasta el 26 de junio, faltan ocho
días) y cuando le insistí en que no me iban a surtir la receta, me dijo: hable
con el encargado de la farmacia. Me dio de nuevo la receta y yo me negué a
tomarla, le dije “así no me sirve.” Ella se encogió de hombros.
La
actitud de esta señora me extrañó mucho, pues siempre se había mostrado muy
amable. El día de hoy, mostró un comportamiento difícil desde que me vio y eso
constituye una gran decepción.
Me
dirigí al área de hospitalización de psiquiatría y pareció difícil hacerle
entender a la señorita que está ahí de guardia (secretaria, me imagino) la
dificultad que había encontrado. Después de un rato, me pidió que la siguiera y
fuimos a la oficina del “coordinador.” A este señor le expliqué la dificultad y
él me dijo que ellos no tenían nada que ver con la farmacia del Seguro Popular,
que es una entidad aparte. Le respondí que eso lo sabía perfectamente bien y no
tenía nada que ver con el asunto. Le dije entonces, haciendo acopio de
paciencia, que necesitaba simplemente que me dieran una receta para Clonazepam
en la que dijera “sin suspender” en lugar de “en caso de insomnio” y él me dijo
que la doctora ya me había dado lo que necesitaba y “ellos” no podían hacer
nada. Le pregunté entonces por qué esa actitud tan irracional y él me contestó:
“pues no sé, usted dígame,” dando por supuesto a entender que el de la actitud
irracional era yo, utilizando sus absurdos y estúpidos argumentos para
ofenderme de una manera cobarde, aventando la piedra y escondiendo la mano. Se
negó así a cumplir con su trabajo, a hacer algo extremadamente sencillo y en
cambio me ofendió de una manera cobarde.
Le hice
saber a este señor lo que pensaba de él, llamándolo parásito y felicitándolo
por su excelente labor como tal y el señor muy ofendido me gritó que esperaba
que no regresara y lo volviera a insultar.
Así
terribles burócratas como este, se valen de la agresión cobarde para no hacer
su trabajo, para no cumplir la función para la que fueron contratados y por la
cual se les paga un sueldo para luego hacerse las víctimas y argumentar que
fueron ofendidos.
Continúo
en la siguiente entrada.
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