El actual presidente de México, Andrés Manuel López
Obrador ha emprendido acciones claras y contundentes con respecto al que
posiblemente es el problema más grave de nuestra nación: la corrupción, de la
cual se deriva la impunidad.
En relación con esto, me referiré a Vicente Fox
Quesada, mal individuo que actualmente cuenta con 77 años de edad, llegó a la
presidencia mediante el voto de castigo contra el partido hegemónico, el PRI, y
una vez en la máxima magistratura se dedicó a traicionar a los millones de votantes
que le dieron su sufragio, a saquear las arcas del erario, al tráfico de
influencias e incluso a favorecer a grupos de la delincuencia organizada (otro
de los grandes flagelos de México) en detrimento de otros grupos criminales, a
cambio de cuantiosas aportaciones a su fortuna personal. Este viejo ladrón,
traidor a su país, prostituto (que además se vendió al Partido Revolucionario
Institucional y toda su podredumbre) y después mantenido y vividor (recibió
enormes cantidades de dinero del erario entre los años 2006 y 2018, durante los
sexenios de Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto) se ha dedicado a
atacar de todas las formas posibles al nuevo gobierno, a la llamada “Cuarta
Transformación” y a todo aquello que tiene que ver con el combate a la
corrupción, la injusticia y la desigualdad social.
Este sociópata imbécil y analfabeto funcional llegó a la Presidencia de la República
engañando a muchos millones de personas haciendo uso de talentos innegables,
cuando lo único que había hecho en su vida era vender refresco negro, Coca
Cola, un símbolo de la decadencia de nuestro tiempo y del imperialismo de los
grandes capitales y del neoliberalismo, como lo describe tan acertadamente el
gran lingüista Noam Chomsky en su libro “Profit over people”. No parece
necesario decir que esa porquería, la Coca Cola se vende sola.
Vicente Fox Quesada representa el epítome de la
impudicia. Recuerdo haber leído una nota en una revista pornográfica sobre un
actor y director de películas de ese género, ya anciano, calvo y obeso que
protagonizaba sus cintas. No vi las imágenes, pero pude imaginar la obscenidad
que representa ver a un anciano gordo y pelón enseñando los genitales.
La Chachalaca Vicente Fox Quesada resulta mucho más
impúdica, pues la pornografía es material restringido que no aparece en medios
de comunicación abiertos. Me sucedió un cierto número de veces en que estaba
mirando un noticiero por televisión, o escuchando un servicio de noticias en
radio hablada y aparecía Vicente Fox para vomitar idiotez y media, una
verdadera afrenta para el televidente o
el radioescucha.
En diciembre pasado (2019) se anunció que la unidad de
inteligencia financiera estaba investigando a Fox y a uno de sus hijos,
Rodrigo, por defraudación fiscal, en relación en parte con el Centro Fox.
Ahora, en los primeros días del año 2020, se ha anunciado que se está
investigando a Marta Sahagún, la delincuente que se casó con el gran farsante —
ella misma una verdadera mujerzuela— por su vinculación con la organización
criminal “Los Legionarios de Cristo”, cuyo fundador, el gran paidófilo y
abusador de niños, Marcial Maciel, es uno de los mayores representantes de la
criminalidad que alberga en su seno la Iglesia Católica.
El infame Vicente Fox Quesada se dedicó a violentar a
Andrés Manuel López Obrador desde la época en que era presidente, interviniendo
en el proceso electoral del año 2006 en favor de otro psicópata, el entonces
candidato del partido Acción Nacional (PAN) a la presidencia, Felipe Calderón
Hinojosa. Con su ayuda, este último pudo consumar el fraude electoral que le
arrebató la victoria a López Obrador.
Ahora que Andrés Manuel ha llegado a la primera
magistratura, al hacer lo correcto, combatir la corrupción y castigar a los
grandes infames que han violentado a nuestro pueblo, convierte la vida de una
basura humana como Vicente Fox Quesada en un verdadero infierno, al que la
Chachalaca arrastra a su esposa delincuente y mujerzuela y a los hijos de esta,
así como a los hijos que adoptó con su primera esposa, Lilian de la Concha y las
familias Fox, Bribiesca y Sahagún.
México había parecido un pueblo sin esperanza, pero en
el último año y fracción se han dado cambios que podrían devolver a los
mexicanos la capacidad de creer en algo y comenzar a escapar del nihilismo que
nos ha caracterizado.
Un buen momento para mirar hacia adelante.