Por mi
ocasional dificultad para conciliar el sueño, le pedí a mi psiquiatra, Carolina
Castañeda, que me recetara Clonazepam, medicamento controlado que ya me había
prescrito otra psiquiatra, ahí mismo, en el Hospital Civil.
Carolina
me recetó el mencionado medicamento el pasado 26 de mayo, fecha de nuestra
última cita, y en la receta anotó “en caso de insomnio.” Acudí a la farmacia
del Seguro Popular, y la señorita que me atendió me informó que no podía
surtirme el medicamento si la receta decía “en caso de insomnio”, que para que
pudieran surtírmela tenía que decir “sin suspender.”
No
parecía un obstáculo en lo absoluto. Lo único que tenía que hacer era buscar
otra vez a mi psiquiatra y pedirle me diera otra receta con el cambio en la
redacción arriba mencionado.
Acudí el
día de hoy, miércoles 18 de junio y la señora Carolina Castañeda, mi
psiquiatra, me hizo esperar injustificadamente para darme más tarde una receta
idéntica, con la leyenda “en caso de insomnio.” Le informé que así no me la
iban a surtir y ella argumentó que ella había dado recetas idénticas a muchos
pacientes y siempre se las surtían. Después me dijo que si no me la habían
surtido es porque estaba vencida (se vencía hasta el 26 de junio, faltan ocho
días) y cuando le insistí en que no me iban a surtir la receta, me dijo: hable
con el encargado de la farmacia. Me dio de nuevo la receta y yo me negué a
tomarla, le dije “así no me sirve.” Ella se encogió de hombros.
La
actitud de esta señora me extrañó mucho, pues siempre se había mostrado muy
amable. El día de hoy, mostró un comportamiento difícil desde que me vio y eso
constituye una gran decepción.
Me
dirigí al área de hospitalización de psiquiatría y pareció difícil hacerle
entender a la señorita que está ahí de guardia (secretaria, me imagino) la
dificultad que había encontrado. Después de un rato, me pidió que la siguiera y
fuimos a la oficina del “coordinador.” A este señor le expliqué la dificultad y
él me dijo que ellos no tenían nada que ver con la farmacia del Seguro Popular,
que es una entidad aparte. Le respondí que eso lo sabía perfectamente bien y no
tenía nada que ver con el asunto. Le dije entonces, haciendo acopio de
paciencia, que necesitaba simplemente que me dieran una receta para Clonazepam
en la que dijera “sin suspender” en lugar de “en caso de insomnio” y él me dijo
que la doctora ya me había dado lo que necesitaba y “ellos” no podían hacer
nada. Le pregunté entonces por qué esa actitud tan irracional y él me contestó:
“pues no sé, usted dígame,” dando por supuesto a entender que el de la actitud
irracional era yo, utilizando sus absurdos y estúpidos argumentos para
ofenderme de una manera cobarde, aventando la piedra y escondiendo la mano. Se
negó así a cumplir con su trabajo, a hacer algo extremadamente sencillo y en
cambio me ofendió de una manera cobarde.
Le hice
saber a este señor lo que pensaba de él, llamándolo parásito y felicitándolo
por su excelente labor como tal y el señor muy ofendido me gritó que esperaba
que no regresara y lo volviera a insultar.
Así
terribles burócratas como este, se valen de la agresión cobarde para no hacer
su trabajo, para no cumplir la función para la que fueron contratados y por la
cual se les paga un sueldo para luego hacerse las víctimas y argumentar que
fueron ofendidos.
Continúo
en la siguiente entrada.
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