Regresé
a la oficina de la secretaria del área de hospitalización de psiquiatría y le
comenté a la señorita lo que había pasado. Me dijo que el jefe de psiquiatría
no estaba y lo podría encontrar hasta el día siguiente.
Quise
hacer un último intento y me dirigí a la Dirección, donde una señorita me
atendió con una actitud muy correcta, pero donde se dieron más dificultades. La
señorita me mandó a una oficina contigua donde un médico joven (haciéndose
llamar doctor, una absoluta imprecisión), me invitó a tomar asiento y me
preguntó cuál era el problema. Cuando se lo dije, él me respondió que ellos no
eran psiquiatras y no me podían recetar ningún medicamento, algo que nunca le
pedí, y al preguntarle por qué la señorita de Dirección me había mandado con
él, me contestó “no sé, no soy adivino.”
Parece
un pasatiempo que les divierte mucho a un cierto número de empleados de esa
institución, fastidiar así a los usuarios, especialmente cuando tienen una
dificultad. Regresé a la dirección y le informé a la señorita que me había
atendido que el muchacho con el que me mandó me había dicho puras tonterías
(omití comentarle su intento de burla). La señorita, siempre con una actitud
amable tomó el teléfono e hizo una llamada.
Minutos
más tarde, entró José Manuel Hernández a la oficina y cuando deduje lo que
hacía ahí, le informé a la señorita que ya había pasado con él y la mala
experiencia que tuve. Entonces, ese patético señor Hernández, se hizo la
víctima diciendo que yo le había llamado parásito, pero por supuesto, omitió
decir que él me había ofendido con su negativa absoluta a ayudarme, con su
determinación de agravar todavía más mi frustración y con su estúpido y cobarde
argumento. Este señor, volvió a hacer alarde de incompetencia, de mala
intención y de cobardía. Ya enojado, dándome cuenta de que no iba a obtener
nada por los canales adecuados, le reiteré a ese médico psiquiatra, “coordinador”
que lo consideraba un parásito y lo volví a felicitar, porque hace muy bien ese
papel, que no es para lo que se le contrató.
El
patético cobarde se tragó la ofensa y bajó la cabeza, pero se salió con la
suya. Me fui de la institución sin haber obtenido la receta que buscaba.
Sería
deseable, que las autoridades de esa institución y del sector salud en general,
gente como el señor Jaime Agustín
González Álvarez, secretario de salud, y
el señor Héctor Raúl Pérez Gómez, director de los Hospitales Civiles y el señor
Benjamín Becerra director del antiguo Hospital Civil, comentaran este tipo de
incidentes y hablaran con la verdad sobre el desempeño de empleados como José
Manuel Hernández, quien dicho sea de paso, antes estuvo en SALME y su
reputación no es la mejor.
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